Incertidumbre de Matacandelas

 

El martes 31 de marzo asistí en Cali a la presentación de Incertidumbre, obra del Teatro Matacandelas, realizada gracias a la iniciativa del FIAV (Festival Internacional de Artes Vivas) de descentralizar su programación y llevarla a distintas regiones del país. Esta apuesta no solo amplía el acceso a propuestas escénicas de calidad, sino que también permite que los públicos locales dialoguen con estéticas teatrales de larga trayectoria.

Foto sacada del IG de Matacandelas

La obra se configura como un poema dramático centrado en la figura de un “hijo” que se rebela contra las instituciones que han determinado su formación como sujeto. La escuela aparece como el primer espacio de conflicto; desde allí, en una atmósfera que oscila entre lo onírico y lo simbólico, la inconformidad del personaje se expande hasta poner en crisis su fe cristiana. Este quiebre inicial abre el camino para cuestionar otras instituciones profundamente naturalizadas, como la Familia, el Estado y la Masculinidad Hegemónica.

A lo largo de la obra, cada momento expone un enfrentamiento distinto entre el protagonista y dichas estructuras. Si bien algunos pasajes podrían percibirse como distantes del presente, considero que la dirección logra articular estos conflictos y conducirlos hacia un epílogo que concentra el sentido político de la propuesta. En este cierre, la crítica al Estado se manifiesta de manera más explícita, funcionando como un punto de condensación de todo el recorrido dramático.

Desde mi experiencia como espectadora, uno de los aspectos más destacados de Incertidumbre es el trabajo con la luz y el silencio, elementos recurrentes en la estética del Teatro Matacandelas. La iluminación no se limita a acompañar la acción, sino que construye espacios, jerarquiza presencias y establece tensiones entre cuerpos visibles y cuerpos casi borrados. En este sentido, la luz se configura como un lenguaje narrativo que dialoga directamente con el conflicto del protagonista, es decir, “el hijo”.

El diseño lumínico busca ser pareja de la oscuridad y formar parte integral del dispositivo escénico. A través de la luz se establecen convenciones dramatúrgicas, se subraya la entrada de personajes relevantes —como el director de la escuela o la figura de Jesús— y se construyen contrastes entre lo vivo y lo casi muerto. Esto se hace evidente, por un lado, en los dos hombres vestidos de negro que en ocasiones funcionan como coro y, por otro, en la familia, cuya presencia parece desdibujarse progresivamente: sus luces son difusas y, en muchos momentos, sus rostros permanecen parcialmente ocultos.

Asimismo, la iluminación permite transformar un espacio prácticamente vacío en múltiples territorios simbólicos —un infierno, un cielo, un campo minado o el trayecto del héroe hacia su destino trágico— sin recurrir a una demasiada escenografía. A partir de cierto punto de la acción dramática, la relación precisa entre el cuerpo del actor y la luz comienza a revelar un conflicto no solo físico, sino también espiritual, entre el protagonista y el espacio que habita. La exactitud y pulcritud del elenco en el manejo de este recurso refuerzan de manera consistente el tono dramático del poema escénico.

El silencio, por su parte, opera como una forma de condensación poética. Las pausas, tanto del habla como del cuerpo, instauran un tiempo suspendido que intensifica la carga dramática del poema. Este recurso remite a procedimientos del teatro épico y, particularmente, a la influencia brechtiana, en la medida en que las pausas anteceden la acción y subrayan la importancia del texto como núcleo del acontecimiento escénico.

Volver a ver una obra del Teatro Matacandelas resulta significativo no solo por la solidez de su propuesta estética, sino también por la persistencia de una propuesta escénica basada en la pausa, el silencio y la resistencia al ritmo acelerado de la contemporaneidad. En este sentido, Incertidumbre puede leerse como una rebelión frente a la hiperestimulación, y como una invitación a detenerse, escuchar y cuestionar las certezas que sostienen nuestra vida social.

El grupo de trabajo está conformado por la actuación de Sebastián Betancur, Juan David Correa, John Fernando Ospina, Juanita Vergara, Samuel Marroquín, Sara Marín, Tatiana Restrepo y María Isabel García. La dramaturgia estuvo a cargo de Juanita Vergara y Cristóbal Peláez González basado en textos de Tristán Tzara, Boris Vian, Bertolt Brecht y T.S. Eliot. En la operación luces estuvo Santiago Cañas y en la de sonido Andrés Sánchez. La composición musical fue liderada por Juan David Correa, Samuel Marroquín, María Isabel García y el vestuario fue diseñado por Martha Vanegas.


Trailer de Incertidumbre de Matacandelas


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